Rivista aperiodica teorica del Socialismo
Organo politico di Convergenza Socialista

La solidaridad cubana hija del humanismo martiano

Por Luis Darío Martos González y Elizabeth Frómeta Mejías

Desde el Proyecto Comunitario GRANJITA FELIZ, en Guanabacoa, La Habana, Cuba

La solidaridad de Cuba y su labor internacionalista constituyen una deuda con la humanidad, señaló en su momento el líder de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz “…Y supimos decir sí a la solidaridad entre los hombres”…, acotó en referencia a la conducta internacionalista proletaria y del apego del Gobierno Revolucionario con los pobres de la Tierra.

Y supimos decir sí, se convirtió en la conducta diaria de la dirección revolucionaria desde el mismo triunfo de la aurora victoriosa del Primero de Enero de 1959, con la huida del dictador que anego en sangre ciudades y campos luego del Golpe de Estado de 1952; el triunfo revolucionario fue el resurgir de la esperanza de un pueblo, sumido en la miseria y la desesperanza por los gobiernos de la República Bananera y mediatizada, instaurada por los Estados Unidos después de la ocupación de la isla por sus fuerzas militares tras la intervención del poderoso vecino en la Guerra de Independencia que los cubanos libraban contra la España Colonialista. Desde los primeros días del triunfo, la solidaridad, la hermandad y la fraternidad fue entre los cubanos mismos, con los desposeídos, con las mujeres a quienes se les reconocían sus derechos y potencialidades y que ya no tendrían que ser prostituidas para obtener el sustento para sus días; al negro y mestizo discriminado por el color o al blanco pobre segregado por su origen humilde o el campesino sin tierra o trabajador agrícola explotado, se les reconocían e igualaban sus derechos civiles; a los niños sin escuelas y a los analfabetos llegaban las oportunidades de superación con la conversión de los cuarteles en escuelas y con la alfabetización de todos los iletrados; atención especial se le brindó a la salud pública, en una nación que al triunfo revolucionario que contaba con 6000 médicos, de los cuales 3000 marcharon para Estados Unidos, fruto del robo de cerebros y supuestos mejores beneficios que atender a sus semejantes en la isla. Solo quedaron 3000 médicos en la nación para construir un sistema de salud con todos y para el bien de todos, universal y gratuito, capaz de lograr que existan hoy más de 95 mil médicos; el surgimiento de nuevos empleos y posibilidades para trabajar honradamente permitió erradicar el desempleo reinante en la nación y se acabó con el tiempo muerto, la subcontratación y otras lacras anteriores a la Revolución en el poder. Se inició un profundo proceso de transformación del campo y las ciudades, se eliminó el monocultivo y se procedió al inicio de la industrialización del país, a la construcción de nuevos pueblos y ciudades, surgieron nuevas urbanizaciones y se desarrolló la construcción de una amplia red de caminos, carreteras y autopistas. Al triunfo de la Revolución, La Habana, el centro de la ciudad, era la capital desarrollada de un país profundamente subdesarrollado, donde la explotación del hombre y el régimen de servidumbre de los desposeídos respecto a los ricos y explotadores de las compañías extranjeras, fundamentalmente norteamericanas, mantenía a los cubanos en la insalubridad, el analfabetismo y a los niños mendigos y con el parasitismo intestinal, la poliomielitis y otras enfermedades infectocontagiosas como plagas que se extendían por la geografía nacional. La Habana dejó de ser esa supuesta capital desarrollada, donde las mafias, el juego, la prostitución, la existencia de casinos para ricos y traficantes de drogas, del lavado de dinero y otras epidemias de corrupción, para convertir a toda Cuba en una nación igualitaria, trabajando para el desarrollo económico y social de todas las regiones y ciudades de la isla, con oportunidades para todos y con vocación humanista, donde el campo y las ciudades podrían sentir a plenitud los derechos por los que antes habían muerto en vano decenas de miles de cubanos para conquistar esos sueños.

En nuestras Guerras de Independencia contra la España Colonial y en la Guerra de Liberación Nacional, iniciada por Fidel en la Sierra Maestra, luego del Desembarco del Granma, y que mantuvo al destacamento guerrillero en la Sierra, y en el llano, al Movimiento 26 de Julio y otras fuerzas revolucionarias en la lucha clandestina, no fueron pocos los extranjeros que acompañaron a los revolucionarios cubanos en sus gestas libertarias. Máximo Gómez, Carlos Roloff, Henry Reeve, el Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, junto a un número extenso de combatientes extranjeros que lucharon como mambises en las gestas independentistas, incluso obtuvieron grados militares por sus acciones combativas, así como a un grupo de latinoamericanos que combatieron en la Sierra y el llano junto al Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio o que después del triunfo dedicaron sus esfuerzos a la preservación de las conquistas revolucionarias o ayudar a la nación en su recuperación económica. El primer grado de Comandante conferido por Fidel fue a la persona de Ernesto Che Guevara, combatiente argentino, quien luego de los sucesos de Guatemala se incorporó a la célula revolucionaria que organizaba en México la expedición del Granma y que vino en esta como médico y concluyó como un destacado guerrillero y estratega militar.

De muchos hermanos en el mundo recibimos los cubanos la solidaridad. Cuando los Estados Unidos suprimieron la cuota azucarera y el envío de petróleo, Cuba recibió la solidaria propuesta de la Unión Soviética de adquirir toda la azúcar que produjera y enviar a la nación antillana el petróleo requerido por el país. Muchos han sido en 61 años los envíos solidarios, de cooperantes, amigos y simpatizantes con las políticas de la Revolución Cubana. De todos los rincones del mundo han llegado los donativos y la solidaridad para continuar la lucha por la libertad, la soberanía nacional y la autodeterminación del pueblo cubano; es planetario el respaldo a Cuba de los pueblos y gobiernos en contra del genocida Bloqueo Económico, Comercial y Financiero de los Estados Unidos contra Cuba, esa Guerra Económica de 60 años de persecución y acoso criminal, el que mantiene a la Isla de la Libertad como una plaza sitiada, para que los cubanos mueran de hambre y desesperanza y restar apoyo al Gobierno Revolucionario en las masas populares, estimulando su alzamiento contra las autoridades. Cuba tiene un pueblo alfabetizado, educado, con altos niveles académicos, donde más de un millón de sus hijos son universitarios y varios millones son técnicos medios y el resto obreros calificados, con alto coeficiente de profesionalidad, con dominio de la ciencia y la técnica. A la mayoría de los cubanos nadie los puede confundir.

Todos los residentes en Cuba, nacidos con la Revolución, e incluso antes del triunfo de la misma, son víctimas del genocida Bloqueo yanqui, todos han sufrido sus secuelas en alguna medida y todos son privados de los más elementales recursos para la vida, la educación, la salud, la cultura, la práctica de deportes y el acceso al comercio y la tecnología moderna. Somos bloqueados para todo y se persigue por el mundo a todos los que comercian con la isla o tienen negocios con ella, se les trata de persuadir para que rompan sus contratos con la nación antillana así como se emplean recursos intimidatorios para subyugar la voluntad de quienes comercian con la isla, se les coacciona o constriñe la voluntad para el comercio libre con la nación antillana a cambio de no aplicarles medidas coercitivas o restrictivas para sus relaciones y visitas con Estados Unidos.

Si hemos podido resistir el golpe sistemático de las sucesivas administraciones imperialistas desde el propio año 1959 y hasta la actualidad, fruto de la solidaridad de muchos en todos los continentes y con la capacidad de resistencia de un pueblo educado políticamente en la fe inconmovible en la victoria, ¿cómo no ser solidario con el mundo?

¿Cómo no ser solidarios con el pueblo norteamericano, que tantas Caravanas de la Amistad supo organizar, dirigidas por el extinto Reverendo Lucius Walker y sus seguidores de Pastores Por la Paz, con derroche de heroísmo y descomunales esfuerzos?¿Cómo olvidar el legado de Henry Reeve en nuestras guerras de independencia?¿Cómo olvidar  a las brigadas solidarias de amigos italianos que han llegado durante años a Cuba?¿Cómo olvidar a las brigadas de solidaridad que cada año llegan, procedentes de todo el mundo, al Campamento Internacional Julio Antonio Mella, de La Habana, por medio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, que vienen para realizar labores agrícolas y traer a la Mayor de las Antillas el mensaje de solidaridad y resistencia, junto a sus donativos.

Las donaciones de leche en polvo, detergente, jabones, alimentos enlatados y otros productos para los niños de los círculos infantiles y seminternados de las escuelas primarias de La Habana y otras provincias en los días más difíciles del Periodo Especial, tras el desmerengamiento de los gobiernos del supuesto Socialismo Real de Europa del Este y de la desaparecida Unión Soviética, nos dicen de la solidaridad de los pueblos con Cuba. Cuando en Miami se hicieron maletas y contaban los días para el fin del Socialismo cubano, los amigos de la Isla de la Libertad no dudaron en apoyarla y sus donativos, por pequeños que fueran, constituían un talismán para la resistencia, fortalecían la capacidad de lucha y aseguraban tener fe en la victoria. Si otros creían en los cubanos ¿Cuba y su pueblo podrían defraudar esa fe en la esperanza? La nación vecina del poderoso país del Norte, brutal y revuelto como lo definió José Martí, debió resistir y, en esa resistencia, está siempre presente, en mayor o menor medida, la confianza que los amigos han tenido en los hijos de Martí y en la consideración y respeto que a  los revolucionarios del mundo le inspira Fidel Castro Ruz, el mismo al que un día, un religioso de la Teoría de la Liberación, en Bolivia, en los días gloriosos de la batalla de Fidel en contra de la Deuda Externa, definiera que las iniciales del nombre y apellidos de líder revolucionario, FCR, significan Fiel Causa Revolucionaria.

Hoy conmueve y duelen los casi dos millones de enfermos por la pandemia de la Covid-19 y los más de 130 mil muertos en 182 naciones del orbe, cifra que crecerá   durante varias semanas, tal vez meses; es triste que la falta de previsión de los gobiernos, junto a los deprimidos sistemas de salud en la mayor parte de las naciones, en las que la salubridad tiene carácter comercial y la salud forma parte de la economía, mueran las personas sin las atenciones requeridas. Nadie está exento de la pandemia en un mundo globalizado y en el que el movimiento de las personas como turistas o como migrantes ha alcanzado cifra exponencialmente increíbles, hay quien despierta en una nación, en la tarde está en otra y duerme plácidamente en otro país y, si está infectado, promueve su contagio en contactos de al menos 3 naciones, si es que al otro día no parte para otro. Ese es el caso del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y su enfermedad la Covid-19, que se expande rápidamente por personas portadores de la enfermedad sin tener síntomas visibles de la misma.

La solidaridad de Cuba es expresión de un sentimiento de hermandad, solidaridad y fraternidad que tiene su más elevado exponencial en la máxima martiana: “Patria es Humanidad”, y los cubanos llevamos ese sentimiento arraigado por las tradiciones de lucha de todo un pueblo, además de constituir un principio cardinal de política exterior de la Revolución Cubana en todos los tiempos, lo que se evidencia en el texto mismo de la nueva Constitución de la República de Cuba, proclamada el 10 de abril de 2019 -a 150 años de la Constitución mambisa de Guáimaro-, y tras el Referendo Constitucional del 24 de febrero de ese mismo año, que en su Preámbulo señala: “Apoyados en el Internacionalismo proletario, en la amistad fraternal, la ayuda, la cooperación y la solidaridad de los pueblos del mundo, especialmente los de América Latina y el Caribe”, fin de la cita. Del mismo modo, en el Capítulo II sobre las Relaciones Internacionales del Título I Fundamentos Políticos, de la Constitución ya mencionada, se hace una amplia valoración de los principios que rigen la política exterior de la República de Cuba, contemplados en los artículos 16 y 17 de la Carta Magna.

En correspondencia con ello, las Brigadas Médicas desplegadas por Cuba en Italia para contribuir a combatir la pandemia de la Covid-19 en Crema, Región de Lombardia y en Turín, Región de Piamonte, se corresponde con la concepción internacionalista del Contingente  Henry Reeve, creado para la ayuda y cooperación en casos de desastres naturales y grandes epidemias y que su misión inicial era contribuir con conocimientos y servicios a la erradicación de las secuelas dejadas por el Huracán Katrina, el  que afectó a los Estados Unidos con un saldo enorme de vidas y damnificados, a lo que el gobierno del entonces Presidente George Bush se negó. Desde entonces las Brigadas del Contingente han asistido a numerosos países, como sucedió con Pakistán, allá en el techo del mundo, luego del terremoto, donde por vez primera los médicos cubanos ascendían a tantas alturas; a Haití luego del terrible terremoto y por la epidemia de Cólera; a México, luego del terrible terremoto que asoló Oaxaca, así como a los países africanos con el brote de Ébola. Hoy el Contingente Henry Reeve ha desplegado brigadas médicas para combatir la Covid-19 en Belice, Haití, Nicaragua, Surinan, Jamaica, Barbados, Venezuela, Santa Lucia, Granada, Dominica, San Vicente y Las Granadinas, San Cristobal y Nieves, Antigua y Barbuda, Angola, Togo, Catar, México y Andorra, además de tener colaboradores de la salud en 59 naciones.

A Italia nos lleva el amor y la solidaridad, de esa nación regresaremos solo con el recuerdo del deber cumplido y con las expresiones de amistad que nazcan en la población italiana y de las autoridades y amigos de esa nación que expresen el agradecimiento a un gesto altruista del personal de la salud cubano. No vamos a obtener créditos, ellos están implícitos en el acto solidario de cada cubano, que conoce de sus valores, fieles a un ideal y principios revolucionarios, patrióticos e internacionalistas. A Italia nos unen lazos de amistad recíprocos por tradiciones, cultura, historia y la simpatía de los italianos por Cuba. Nos une recientemente la sangre derramada por el joven Fabio Di Celmo, víctima de un acto terrorista de los enemigos de la Revolución Cubana, quienes tienen su cubil en los Estados Unidos

La rica historia milenaria de Roma en el antepasado y de la culta Italia, asiento de cultura y religión, de tradiciones combativas desde los inicios mismos de la civilización humana, unido a los gestos de amistad y solidaridad de Italia y su pueblo con la Revolución Cubana, constituyen elementos básicos para ayudarle a conjurar una pandemia planetaria que amenaza a la raza humana y que constituye un deber su combate por todos los seres humanos de la tierra sin distinción de ideas filosóficas, políticas o religiosa y que va más allá de las valoraciones económica financieras o mercantiles. Como señalara Martí, nuestro Héroe Nacional, “Quien se siente con fuerzas para hacer bien a los hombres, no tiene derecho al descanso”, así pensamos los cubanos cuando de bien a los demás se trata, no medimos el espacio ni el tiempo, nos entregamos con amor a las causas nobles, porque como señalara también el maestro “el bien que en una parte se siembre, es semilla que en todas partes fructifica”.

En Cuba hemos conocido de las declaraciones de agradecimiento del Canciller Italiano, Luigi di Maio y de la Ministra de Administración Pública, Fabiana Dadone; también autoridades locales, de organizaciones sociales y políticas, intelectuales, artistas, grupos de amistad y solidaridad con Cuba y del pueblo italiano. El pueblo de Cuba se siente estimulado por esas expresiones de admiración y respeto por la obra de los cubanos dispuestos a salvar vidas.

Cuba es punto convergente de las fuerzas progresistas de los países del Sur, llámense del Tercer Mundo, Subdesarrollados o en vías de desarrollo, o como se les quiera llamar, así como de los pobres y explotados de las naciones desarrolladas, sometidos a la cruel explotación capitalista, Cuba no anda de pedigüeña por el mundo -como señalara Martí en su momento-, anda de herma, y actúa con la autoridad de tal. Al Salvarse, Salva”

Así pensamos los humildes cubanos que nos unimos en amor en el Proyecto Comunitario GRANJITA FELIZ, donde los diferentes son iguales y donde las personas con discapacidades son especiales. El amor todo lo puede.

Ultima modifica ilMartedì, 21 Aprile 2020 12:37
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