Rivista aperiodica teorica del Socialismo
Organo politico di Convergenza Socialista

Los Agricultores y la cuestión estratégica en tiempos de la pandemia

Por Martha Alvarez

En la mañana del 10 de abril de 2020, las familias colombianas se despertaron despreocupadas. No sintieron la necesidad de esperar el boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que informó para Colombia, un total de: 1,780 casos confirmados, 201 casos nuevos, 50 muertes totales, 4 muertes nuevas por transmisión local y otros datos. Datos provistos de mucho sentido pero sin alma. Las familias lloraban la muerte de sus seres queridos, otras sufrían los dolores del infierno para conocer el destino de los nuevos enfermos y de quienes estaban gravemente enfermos. La mayoría, en salud, pensaba automáticamente en vivir: comida, agua, servicios y ocupar el tiempo de la cuarentena.

En el mundo globalizado, miles de millones de personas se encontraban en situaciones iguales: observando la cuarentena tratando de escapar del virus Covid-19; las industrias desaceleraron los procesos de producción, la plazas del negocios de acciones se balanceó, los precios del petróleo, el carbón y la energía cayeron y los gobiernos y las grandes empresas del mundo se preparaban para enfrentar una recesión impensable unas semanas antes. Sólo los campesinos al levantarse temprano en la mañana continuaron su trabajo con esperanza.

En todos los tiempos, los verdaderos héroes salvan vidas. Los desastres naturales localizados nos han enseñado la importancia de las personas que ofrecen socorro, del personal médico, de las cadenas de logística que distribuyen alimentos y gèneres de primera necesidad. Incluso bajo desastres sociales, como la guerra, el suministro de alimentos es vital para el resultado del conflicto. Hoy, en tiempos de Covid-19, después del personal médico, los investigadores de la salud y científicos en general, en apoyo de todos los que trabajan durante la cuarentena y de los que no trabajan, en la base de la pirámide están los productores de alimentos. Los campesinos son héroes armados con azadas, palas y hoces, son héroes que corren detrás del arado, son héroes que agitan sus brazos con habilidad para sembrar o cosechar las frutas, son héroes que llevan el peso de las canastas llenas de comida y, que en sus piernas, se apoya el primer eslabón de las cadenas de suministro.

La producción de alimentos es la actividad estratégica vital por excelencia. De hecho, muy vital. En el gran complejo de la ciudad solo hay una preocupación: mantener la vida. Todas las actividades humanas son desarrolladas por personas vivas. El sabio Salomón lo escribió hace tres mil años: “Por supuesto, mientras permanezcas unido a la sociedad de los vivos hay esperanza: mejor un perro vivo que un león muerto. Los vivos saben que morirán, pero los muertos no saben nada; no hay más salarios para ellos, porque su memoria se desvanece. Su amor, su odio y su envidia, todo ha terminado, ya no tendrán parte en todo lo que sucede bajo el sol. Ve, come tu pan con alegría, bebe tu vino con un corazón feliz, porque Dios ya ha apreciado tus obras”.

En un mundo paralizado por la cuarentena nada está más preocupado que la necesidad de alimentos. Muchos se arriesgan a las sanciones administrativas para que a sus familias no falte algo para comer. En la ciudad, la gente piensa en la comida muchas veces más que en los tiempos normales. Se espera que el gobierno piense al suministro de agua y energía. Quizás ver al virus Covid-19 derrotado tiene igual importancia. Se necesita energía para hacer funcionar los electrodomésticos y colaborar a las empresas con el telelavoro, para ayuda a soportar el tiempo de la cuarentena estando sentados largas horas frente al televisor, o apoyados en la cama con el smartphone en la mano para continuar la vida social y estudiar. Todo lo demás puede ser sustituido. En la cadena de producción de alimentos, los agricultores son fundamentales. Representan el primer eslabón de la economia: el de la producción y no se pueden sostituir.

Colombia tiene abundantes tierras agrícolas muy fértiles, recursos hídricos y una variedad de climas a temperaturas constantes que permiten que la producción agricola funcione 365 días. La naturaleza es exuberante, sin embargo, la actividad de plantar, cuidar y esperar la cosecha de un producto agrícola requiere que el agricultor, ponga toda su energía física para cubrir la jornada y su disposición, para muchas veces hacer el trabajo antes del amanecer o más tarde del atardecer. La actividad agrícola requiere paciencia para esperar el fruto y la fe en lo intangible que hace morir la semilla y dà lugar a la planta y fe en los ciclos de la lluvia y del buen tiempo. Ser agricultor requiere entrenamiento físico y moral. La agricultura no es tan simple como escribir: "plantar, cuidar y esperar la cosecha”.

En el panorama que ofrece la pandemia, los campesinos saben que deben responder a esta situación atípica, y han ofrecido su dedicación, compromiso y sacrificio. No han dejado de trabajar. La actividad agrícola tiene tiempos y ciclos que deben ser debidamente respetados. Entre marzo y mayo, en Colombia, se desarrolla el trabajo más importante del ciclo que permitirá cosechar los beneficios. El trabajo de preparación del suelo se ha completado, la siembra continúa y se presta atención a los plantíos de las que se  recolectarán vegetales, frutas y cereales.

Los campesinos colombianos, durante décadas atormentados por la violencia y el olvido, en este período por primera vez, en cierto sentido, se ven más apreciados y respetados. Los campesinos que manifestaron durante la huelga agraria nacional de 2013, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, tuvieron que organizarse y luchar pacíficamente, sin embargo, sufrieron el desprecio del gobierno, cuyas fuerzas antidisturbios junto con indolentes civiles los hirieron, asesinaron, secuestraron e hicieron desaparecer.

Los campesinos han sembrado el sentimiento de un pueblo que pide paz, dignidad, seguridad y oportunidades. Después de la huelga, el gobierno intensificó los diálogos con las guerrillas de las FARC y llegó a un Acuerdo en el  2016. El primer artículo era muy importante porque preveía la reforma universal de la agricultura.

Colombia parecía estar recuperando el aliento después de décadas de guerra interna. Santos llama al pueblo soberano a ratificar el Acuerdo en la urna, el 2 de octubre de 2016, con la fórmula: "¿Apoya el Acuerdo final para la culminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". Lamentablemente, el 62,57% de los titulados a ejercer el derecho de voto ha elegido la indiferencia. Fue una sorpresa. El 'No' a los Acuerdos obtuvo solo una ventaja de 0.43% sobre el apoyo a la propuesta. Esto significó que la gente tuvo que salir a las calles nuevamente e intentar comprender el impacto real y cuáles son las propuestas “válidas” e “innovadoras” del ex presidente Uribe. Uribe realmente quería llevar los diálogos a la exasperación, esperando la campaña electoral del 2018, cuando su partido, el "Centro Democrático", regresó al gobierno, con Iván Duque Márquez. Se cree que Uribe es el titiritero que mueve los hilos de cada acción del actual presidente. Duque continúa haciendo abyecciones a la paz y la seguridad de los campesinos, igual que su mentor.

En pleno desarrollo de la cuarentena, los pueblos están tratando de contener los efectos negativos de la pandemia. Por la importancia estratégica de la cadena de suministro de alimentos: desde la producción, el transporte y hasta el consumidor final, el campesino es un gran reto para la economía colombiana. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, entre dicembre y febrero se registrò un 47,9% de economia informal en las 23 ciudades más importantes, eso significa que la necesidad de mantener esas las familias carentes de suficientes recursos es una cuestión de estrategia política.

La estrategia politica debe tener en cuenta el trabajo del agricultor. En julio de 2019, la Ministra de Trabajo, Alicia Arango, aseguró que de los cinco millones de campesinos que trabajan los campos, el 85% lo hace de manera informal. Es decir, la cadena de suministro más estratégica del país se basa en la economía: sin un salario regular, sin un contrato de trabajo, sin protección de la salud, sin seguridad social y pensión. El 44% de los trabajadores agrícolas ganan menos del salario mínimo legal. ¿Abundan tus brazos? O más bien falta un diseño político correcto.

La huelga agraria de 2013 produjo muchas convenciones, conferencias y palabras escritas, pero no materializó los ideales para mejorar la condición de ciudadanía que reside y trabaja en los campos. Los gobiernos han descuidado durante mucho tiempo el principal recurso estratégico de la nación: la cadena de suministro de alimentos.

El gobierno del presidente Duque, dentro del Plan de Protección Social, busca garantizar los derechos y está promoviendo la capacitación tecnológica para profesionalizar a los trabajadores agrícolas. Sin embargo, la situación no puede resolverse bajo una pandemia. El pesimismo del sector agrícola se suma a la mala clasificación que el gobierno tiene en otros sectores. Tenemos que esperar para ver si el gobierno de Duque durante la emergencia mundial, podrá dejar una huella duradera en el sector agrícola, brindando el apoyo que los agricultores necesitan. En primer lugar tendrá que mostrar un interés genuino.

Con las fronteras cerradas no hay el transporte normal de carga de flores y frutas que son la punta de lanza de las exportaciones agrícolas de Colombia. La floricultura esta en alarme. Internamente, el comercio de flores se ha detenido por la imposibilidad de celebrar fiestas, bodas, actividades eclesiales y funerales. Con respecto a la distribución de alimentos, el gobierno debe tomar medidas para contener la carrera por la especulación y el acaparamiento y garantizar un justo buen precio directamente al agricultor.

Es el momento adecuado para que los agricultores estén protegidos. Sólo bajo la pandemia no abandonaron la tierra, ante el temor generado en las ciudades. Durante décadas la violencia guerrillera y de las fuerzas paraestatales han contribuido a las migraciones del campo a las ciudades. Muchos agricultores han pasado de ser pequeños empresarios, o pequeños productores que garantizaban la subsistencia y alimentos a sus familias, a ser trabajadores baratos. Sin tierra y sin oportunidades, se han convertido en parte de la población de las ciudades con mayor riesgo de sufrir los efectos de la pandemia y necesitan asistencia alimentaria.

La propiedad de la tierra debe volver a quienes la trabajan. Muchas tierras no cultivadas están bajo la mano o la vigilancia de grupos al margen de la ley, o se utilizan para actividades de los narcos. Las multinacionales y los terratenientes se han apoderado de las tierras por codicia y avaricia: las explotan hasta el punto de empobrecerlas transfiriendo sus ganancias al exterior, o no las trabajan como lo haría una familia campesina.

Los campamentos necesitan, urgentemente, un estímulo fiscal, subsidios reales y otros mecanismos de colaboración monetaria. El gobierno puede utilizar los mecanismos del gasto público para hacer frente a los tiempos de crisis y considerar seriamente las necesidades de los agricultores a través de fórmulas como la amnistía fiscal específica, la congelación de impuestos para los sectores que necesitan y las subvenciones. Pequeñas empresas agrícolas han estado en dificultades. Ahora, se pueden activar las transferencias directas de dinero a los agricultores, que en este período han visto interrumpidas las órdenes del sector hotelero, la restauración y otras empresas. Pero lamentablemente, el gobierno y las instituciones no están preparados y los agricultores son las primeras víctimas de la corrupción endémica.

En una sociedad en desarrollo, cada pequeño empresario sin trabajo durante la pandemia puede fortalecer la infraestructura de distribución de alimentos, si tiene en cuenta que en Colombia siempre hay alimentos en las granjas, incluso en las carreteras de áreas distantes. La iniciativa empresarial de pequeña escala, adecuada y menos fracturada es menos propensa a la especulación y debe fortalecerse.

Las redes sociales están desarrollando nuevos escenarios que permiten el contacto directo desde la oferta, el agricultor, a los consumidores y sin intermediarios. Las cadenas de suministros y el comercio electrónico han experimentado un crecimiento exponencial. Sin embargo, hay pocos beneficiarios entre los agricultores.

El trabajo de tomar conciencia de las personas que viven en las ciudades es lento y todavía falta trabajo de comunicación efectivo y estratégico. Los medios nacionales pueden ponerse al servicio de la actividad agrícola en un modo más democratico y tendiente a favorecer al campesinado y no a las multinacionales. Se espera que bajo la pandemia, los habitantes de las ciudades se pongan definitivamente del lado de los agricultores y trabajadores agrícolas mal pagados, atendiendo así sus preocupaciones, reclamos y peticiones. Las redes sociales, al dar voz a los trabajadores, propietarios de pequeñas empresas y productores directos, están haciendo el trabajo de promover la actividad agrícola durante mucho tiempo descuidadas, desconocidas, ignoradas o minimizadas por los gobiernos.

La crisis de salud ha impuesto una respuesta colectiva y global. La seguridad de los alimentos requiere una respuesta estratégica muy inteligente y constante para garantizar la efectividad de la cuarentena, cuyo objetivo es contener los efectos más dañinos de la pandemia. Los sectores más vulnerables de la población en las ciudades necesitan recibir atención alimentaria. Las iniciativas gubernamentales hasta ahora no son eficientes ni efectivas. La larga mano de la corrupción ha visto una oportunidad y hay que detenerla. El fiscal debe imponer la ley.

La defensa de la salud de las personas es muy importante. Los campesinos siempre han sido un ejército de paz. La comida es el primero de los recursos estratégicos que se defiende. En los juegos de estrategia, los gobiernos a veces se ven obligados a firmar pactos leoninos para adquirir o vender los productos alimenticios necesarios para la supervivencia, la salud o para encontrar recursos económicos para sus pueblos. Ahora, los grupos subversivos e ilegales que usan la violencia contra los campesinos deben ser completamente detenidos. Un grupo subversivo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), aceptó el mensaje y declaró un cese unilateral de hostilidad por un período limitado. La policía y las fuerzas del ejército deben proteger y permitir que los agricultores trabajen la tierra en paz.

Hasta ahora, la principal fuerza enemiga de los campesinos colombianos es la guerra fratricida. El Departamento Administrativo de Estadística (Dane), en el censo de 2018, estableció que Colombia tiene 48,258,494 personas. Unos 12 millones viven en el campo. El 28 % de los agricultores tienen más de 50 años y requieren la protección de un sistema de salud y pensiones apropiado a una nación civil. Los hijos de los trabajadores del campo son aproximadamente 2,2 millones de personas, y en algunas áreas pequeñas, deben crecer de forma segura jugando felices en los campos sin temor a pisar una mina anti-persona. Los jóvenes campesinos del rango entre los 10 y 19 años, el 20%, deben terminar sus estudios de forma provechosa, tanto para el desarrollo personal en su granja como en las ciudades y sobre todo, deben vivir en paz, identificándose constantemente con el ambiente natural y aprendiendo el arte de cultivar, sin temor a quienes conocen el arte de la guerra. Los jóvenes y los adultos deben tener la oportunidad de formar una familia y encontrar una fuente de ingresos, en el trabajo y satisfacción del campo.

El gobierno colombiano realiza grandes inversiones en defensa, mientras tanto, millones de campesinos viven en la pobreza y más de un millón de familias campesinas no tienen tierras. La defensa nacional y la policía en áreas pequeñas son esquivadas, por las numerosas traiciones al principio de legalidad, que han manchado el honor de algunos miembros de las Fuerzas. Existen numerosos informes de crímenes y abuso de fuerza y ​​el ministerio de justicia y el fiscal deben actuar sin molestias aclarando los hechos. Está justificado que, de acuerdo con el Ministerio de Hacienda, las Fuerzas Militares hayan solicitado más de 11,000 millones de dólares para el año 2020. Sin duda, la presencia del estado está garantizada y los agricultores, por principio, siempre tienen buena fe en las instituciones.

Lamentablemente, el 4 de abril, en Villapinzón, a 100 km de Bogotá, el virus llegó a los primeros campesinos colombianos: una pareja humilde y amorosa. El alcalde local anunció que habían fallecido. Los héroes también caen bajo la intangible hoz de la pandemia.

Más tarde, cuando todo haya pasado, la paz y la reconstrucción de la economía descansarán, aún, en el esfuerzo de los campesinos. Al dar la dimensión correcta a lo que es realmente esencial, recordamos que ningún ser vivo puede soportar la oleada mortal de hambre y sed durante mucho tiempo. Es hora de actuar con sabiduría, equidad y sobre todo justicia, reconociendo la importancia del trabajo del agricultor. Nuestro futuro está en sus manos.

 

FUENTES

La Santa Biblia C.E.I, Eclesiastés 9: 4- 7

who.int; infodefensa.com; semanarural.com; semana.com; rcnradio.com; telesurtv.net; chetemagni.wordpress.com; mundo.sputniknews.com

youtube.com: Top de impacto, ¿Habrá escasez de alimentos? ¿La agricultura y ganadería, en jaque? Esto nos espera. Hora de actuar

Ultima modifica ilGiovedì, 23 Aprile 2020 08:59
Devi effettuare il login per inviare commenti