Rivista aperiodica teorica del Socialismo
Organo politico di Convergenza Socialista

A medio siglo del histórico triunfo de la unidad popular

por Luis Darío Martos González

¿Cuándo se pisarán de nuevo las calles libres, que hará pronto 50 años, anunciaron un cambio radical para la nación austral y que luego, casi 3 años después, fueron ensangrentadas, hace ya 47 años, por la cúpula militar que irrumpió en la escena chilena para llenar de terror a toda la nación y hacer su contribución al modelo neoliberal y a la sangrienta operación Cóndor, dirigida por los Estados Unidos y el tenebroso Henry Kissinger contra las fuerzas progresistas latinoamericanas?

Todavía sigue Santiago ensangrentado y luce las secuelas del horror y la atroz represión de carabineros, esa fuerza policial que solo ha servido a los intereses de clase de una burguesía bañada en sangre y viste sus mejores galas con el martirio de un pueblo que no ha podido ver las grandes alamedas por donde pase el chileno libre. ¿Tendrán los chilenos que esperar medio siglo más para ser libres? ¿La confrontación entre derecha e izquierda -mejor escrito, pueblo desposeído-, dará la victoria a las mayorías con hambre, sed y frio? ¿Cederá el capital a la mejor redistribución de sus riquezas donde la igualdad y la equidad sean normas civilizatorias del buen vivir?

Se necesita la fuerza de Caupolicán en cada chileno patriota para desterrar las secuelas de la tiranía pinochetista, desaparecer la burguesía cómplice de las aventuras, venturas y desventuras de los enemigos de la población austral y retornar a Chile por los caminos del progreso para todos sus hijos. Los estudiantes que abogan por una educación pública y universal y el pueblo mapuche tan vilipendiado constituyen un eslabón fundamental junto a los obreros explotados por el capitalista y los intereses transnacionales. Chile suena en la palestra pública nacional e internacional por las movilizaciones de los diferentes sectores contra el régimen de turno de un gobernante adinerado que supo comprar votos y que ha sido uno de los pupilos del gerente de la Casa Blanca. Piñera es un abominable discípulo de la Constitución pinochetista que perdura en el tiempo, maquiavélico engendro de la globalización neoliberal impuesta en Latinoamérica para contrarrestar el auge revolucionario y las conquistas de este modelo de progreso donde las mayorías empobrecidas cuentan, como sucede en Cuba o Venezuela.

Chile sufre el recuerdo, este 11 de septiembre, del aniversario 47 del sangriento Golpe de Estado militar, que dirigido por el General Augusto Pinochet Urrutia, como Jefe de las Fuerzas Armadas, tenía complotados a toda la alta oficialidad que, en unión cívica con la oligarquía de derecha opuesta al Presidente Salvador Allende Gossens, había decidido asaltar el poder legítimo y hollar en sangre los destinos constitucionales de una nación que casi tres años atrás había iniciado un camino independiente para beneficio de todos los chilenos, donde los olvidados de siempre contaban como seres humanos para el gobernante progresista, un socialista llegado al poder en el marco de la constitucionalidad burguesa, en la que creía y con la que llegó al poder por medio de una concertación de partidos progresistas y de izquierda, luego que el afamado escritor, Premio Nobel, Pablo Neruda, propuesto como candidato presidencial, cediera su candidatura para nominarle a él en las elecciones presidenciales que se desarrollaron el 4 de septiembre de 1970, donde la rivalidad de los 3 contendientes dio como ganador por pequeño margen al Socialista Salvador Allende, hace medio siglo.

Sí, pronto celebraremos el aniversario 50 del triunfo de la Unidad Popular, acontecimiento que llenó de júbilo a todas las fuerzas progresistas en el mundo y puso a la nación del cono sudamericano en una intensa lucha de clases; la batalla entre los detentadores del poder económico chileno opuestos a las medidas revolucionarias y progresistas y las fuerzas revolucionarias que propugnaban el programa de la Unidad Popular, abriría un camino de enfrentamiento in crescendo. Inicialmente se daba por ganador a Jorge Alexandri, pero durante la campaña electoral que fue tensa pero sin violencia, el panorama electoral se transformó y finalmente, aunque por poco margen, el candidato más votado fue Allende. Correspondía al Congreso Pleno decidir cuál de los dos candidatos más votados sería el nuevo Presidente de la República, aunque la práctica histórica era elegir al candidato más votado.  Los reaccionarios de la derecha tradicional y furibundos partidarios de Alexandri, urgidos por evitar un gobierno con un programa socialista, trataban de hacer hasta lo imposible por revertir la situación, las transnacionales y el periódico derechista El Mercurio alentaban a evitar la elección de la opción socialista y muy descontento con la posición del Jefe de las Fuerzas Armadas, General René Schneider, arremetieron contra sus posiciones institucionales que ponía la solución en el Congreso Pleno, el que debía decidir la elección del próximo Presidente el 24 de octubre. El gobierno de los Estados Unidos, administración encabezada por Richard Nixon, el mismo del escándalo Watergate, abogaba por impedir la elección de Allende y para ello buscó dos variantes, la Track One que promovía la elección de Alexandri en el Congreso y la convocatoria por este a nuevas elecciones con el gambito Frei, es decir, postular a Eduardo Frei como candidato presidencial; la Track One no dio resultado porque la Democracia Cristiana había decidido dar su apoyo a Allende con ciertos compromisos constitucionales de este. Los yanquis tenían otra opción, la Track two, que consistía en el secuestro del Jefe de las Fuerzas Armadas para crear una situación de desorden en el país y obligar a las Fuerzas Armadas a actuar; el plan lo materializaron el 22 de octubre pero falló el intento de secuestro y el General Schneider fue baleado y resultó gravemente herido, produciéndose su fallecimiento un día después de la elección de Allende como Presidente, con la abrumadora mayoría de 153 votos contra solo 35 de Alexandri. Así se derrumbaban los planes de Estados Unidos y la derecha tradicional chilena y el nuevo Presidente electo tendría su asunción el 3 de noviembre de 1970, mandato que se extendería hasta el 3 de noviembre de 1976. En septiembre celebraremos el medio siglo de inicio del proceso socialista en Chile y los 47 años del brutal y sangriento Golpe de Estado Militar Fascista en esa nación, la que todavía clama por justicia y vive momentos de tensa represión orquestada por un gobierno aupado en el auge derechista en boga a la sombra de la administración trumpiana que tiene al gobernante chileno como uno de sus más fieles servidores, junto a otros cipayos de la región, los que viven momentos de gran desobediencia civil en sus naciones

A las medidas que introdujo el gobierno de Allende y de la Unidad Popular, la burguesía respondía con desobediencia civil y creando desabastecimiento y problemas de logística para crear desconcierto e inconformidades en la población. Desde los mismos inicios de la asunción presidencial la derecha reaccionaria chilena, la jerarquía política que había gobernado chile desde su independencia, alternando el poder entre las fuerzas dominantes no muy distante en posiciones políticas ajenas a los intereses del pueblo, se unieron en cofradía contra las medidas de Allende, ninguna oculta y todas explicitadas en su programa de gobierno durante la campaña electoral. El Partido Nacional de Jorge Alexandri; los Demócratas Cristianos, de Radomiro Tomic y Salvador Allende, por la Unidad Popular, fueron  las fuerzas contendientes en unas elecciones ganadas por el líder Socialista; nada fue oculto, era la voluntad popular la promoción de un cambio; pero, las fuerzas estaban polarizadas, las elecciones y el Programa de la Unidad Popular reclamaban el cambio. La derecha chilena y la cúpula militar fascista no permitieron la realización de la voluntad popular, la ahogaron en sangre e instauraron un régimen dictatorial, el que luego de 50 años mantiene total vigencia aunque haya sufrido la metamorfosis propia de un sistema batracio, capaz de mostrar colores diferentes como el camuflaje del uniforme que sirve a los militares para confundirse en campaña.

Desde el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 los Estados Unidos diseñaron una estrategia para disminuir el impacto del ejemplo de la Revolución naciente que despertaba tanto interés en el continente, territorio visto como traspatio de los intereses norteamericanos en su geopolítica imperial. Con la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA), como resultado de las campañas diplomáticas, de prensa y difamatorias, el verdadero ministerio de colonias yanqui, tonel de manzanas podridas y engendro de dominación de los gobiernos imperialistas, se refuerza el sistema de dominación imperialista, surge la Alianza para el Progreso con la entrega de ayudas económicas en función del “desarrollo” y sin verdadero valor para el desarrollo endógeno de los pueblos, a la vez que se instauran dictaduras militares y se acrecientan los golpes de Estado, orquestados por militares pro yanquis con los auspicios del Comando Sur, todo con la finalidad de contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana. Son bien conocidos los golpes de Estado patrocinados por los vecinos del Norte contra varios gobiernos democráticos en Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, el histórico régimen militar paraguayo, y las invasiones de los Estados Unidos contra República Dominicana, y el intento previo de Bahía de Cochinos, en Cuba. El gobierno imperialista que había mantenido a la Isla aislada en el concierto de las naciones latinoamericanas, con la sola excepción de México que mantuvo los lazos diplomáticos, económicos y comerciales, el resto de las naciones del área no tenía relaciones con Cuba, la que se mantenía como plaza sitiada para impedir que su ejemplo se exportase, como si el ejemplo fuera una mercancía con valor de uso y no una condición que nace y crece naturalmente. La asunción presidencial en Chile significaría la ruptura del Bloqueo diplomático al que Estados Unidos y la OEA habían sometido a la isla antillana y les permitía mantener una cortina de humo contra la nación comunista del hemisferio occidental. La llegada del socialista al poder en la nación austral llenaba de esperanzas al movimiento progresista y a los cubanos mientras en los círculos gobernantes de los Estados Unidos y de las naciones sometidas a regímenes dictatoriales se evidenciaba el malestar. La asunción presidencial en Chile permitió el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre el país austral y Cuba, posibilitó el establecimiento de amplias relaciones diplomáticas. Comerciales y financieras y de colaboración internacional, Fidel visitó por 23 días a Chile y recorrió toda la geografía chilena; desde el norte al sur, fue indescriptible el recibimiento popular tributado al líder cubano, el que llevó amistad y solidaridad a los chilenos, dialogó con todas las fuerzas políticas, religiosas, empresariales, periodistas, de profesionales, artistas, intelectuales; en fin, con todos los segmentos de la vida política, económica, social, religiosa y de la intelectualidad y la cultura de la nación. Salvador Allende visitó Cuba, ya en momentos difíciles para la nación del cono sur y los cubanos le donaron una libra de azúcar per cápita para el consumo de los chilenos, asediados con las medidas económicas y financieras del imperialismo yanqui y el desabastecimiento que provocaban los dueños del poder económico en chile que obstruían el desarrollo de la vida política económica y social en función de sus intereses de clase para impedir el desarrollo del programa socialista de la Unidad Popular y de su Presidente Constitucional.

Salvador Allende fue de los primeros sudamericanos en visitar la Mayor de Las Antillas, llegado a Cuba por vez primera luego del triunfo en la Isla, la que posteriormente visitó en repetidas ocasiones hasta el último viaje en su condición de Presidente Chileno, donde tuvo la oportunidad de hablar al pueblo de Cuba en la Plaza de la Revolución, en una concentración multitudinaria donde más de un millón de habaneros lo vitorearon. Demostró en todo momento ser un amigo leal y sincero, como lo calificó el líder de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en la firma del Libro de Condolencias por la muerte en combate del estadista. El líder llegado al poder por la Unidad Popular, tenía una agenda de gobierno que no era del agrado de la Administración yanqui ni era bien visto por la propia burguesía nacional ni un grupo de gobiernos dictatoriales ni de la derecha tradicional apegada a los intereses monopolistas y financieros internacionales. Desde el punto de vista político Allende representó un desafío y reto a los intereses hegemónicos por su desprendimiento de las políticas tradicionales de sumisión firmemente arraigadas en el continente; significaba una esperanza de cambio para los pueblos que abogaban por caminos independientes de progreso social en beneficio de los intereses nacionales en una región llena de desigualdades y plagada de miseria, insalubridad, analfabetismo y pobreza galopante. Desde la visión ideológica, en momentos en que la “Guerra Fría” mantenía un elevado nivel de confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el triunfo de la Unidad Popular avivaba la esperanza de llegar al poder por las vías tradicionales electorales de las Constituciones Burguesas sin necesidad de transformaciones revolucionarias por la vía armada, constituyendo un camino civilista de construcción del Socialismo desde la institucionalidad del llamado Estado de Derecho burgués, el que exigiría la aplicación de los cambios que el país demandaba como aspiraciones de décadas de luchas del proletariado chileno. Desde el punto de vista económico las transformaciones que la Unidad Popular había propugnado lesionaban los intereses yanquis, de las transnacionales y de la burguesía nacional. La nacionalización de la International Telephone and Telegraph Company, de las minas de cobre El Teniente y Chuquicamata, del salitre y de otros recursos nacionales puestos al servicio de todo el pueblo así como las medidas de beneficio que favorecieron a las grandes masas en perjuicio de los intereses de la burguesía nacional y los intereses norteamericanos, en el plano económico, sentaron las bases del rápido enfrentamiento entre gobierno progresista y derecha tradicional que mantenía el control del Congreso Nacional, el que limitaba el avance de las medidas programáticas de la Unidad Popular. Si en la arena internacional Chile ganaba las simpatías de muchas naciones, del movimiento progresista internacional y de las fuerzas revolucionarias; el imperialismo yanqui por su parte, la derecha internacional, los grupos financieros y oligopólicos se oponían a los cambios estructurales y comenzaban toda una campaña de desinformación, difamación y de obstrucción  del proceso revolucionario recién iniciado. Las acciones contra la Unidad Popular tenían el sello distintivo del Norte brutal y revuelto que se opone a todos los cambios que presupongan afectación a los intereses de las transnacionales yanquis aunque ello represente beneficio tangible para el pueblo; las presiones made in USA se acrecentaron rápidamente y, como es usual, la madeja encubierta de la rica nación propició el aborto de un proceso revolucionario socialista, el que por vías democráticas buscaba la solución histórica de las necesidades del pueblo, administrando los recursos nacionales en interés del desarrollo de la nación como forma de redistribución más justa de las riquezas del país. En el ámbito social el pueblo acompañó a su Presidente; pero, comenzó a sufrir de la escasez de alimentos y productos de primera necesidad como consecuencia del acoso económico a que la burguesía y el imperialismo sometían al gobierno del Presidente Allende. Se boicoteaba un proceso virgen, único en la historia, que trataba de implantar el Socialismo desde las estructuras capitalistas que señorearon históricamente a la nación. El camino al Socialismo de Allende no era bien visto por los Estados Unidos, cuya administración hizo todo lo posible para impedir el ascenso y, luego de este, promovió el bloqueo financiero contra el gobierno socialista. Allende estaba entre fuegos; por un lado la derecha tradicional y los Estados Unidos; por otro, los propios aliados en la Unidad Popular mantenían posiciones divergentes e incluso irreconciliables ante diferentes momentos de los casi tres años de gobierno. La burguesía nacional creaba un estado de ingobernabilidad y las acciones de desobediencia se convirtieron en actos de vandalismo, unidos a las acciones de respuesta callejera de los partidarios del gobierno, a lo que se sumaban manifestaciones y huelgas de determinados sectores profesionales, atizados por comerciantes y transportistas. Los cacerolazos de las mujeres pudientes, muchas de ellas esposas de militares, descontentas por la actitud del General Carlos Prats, Jefe de las Fuerzas Armadas, por la intervención de este y de los militares en ayuda a paliar la situación de inestabilidad creada, propiciaron condiciones de ingobernabilidad. La situación de Chile se convirtió en un caos porque lejos de querer buscar soluciones a los problemas, la exigencia era acabar con el gobierno de Unidad Popular. La soga estaba totalmente tensa y debía fracturarse, los oligarcas tenían como siempre a unas fuerzas armadas con el sello de constitucionalidad y apolíticas, formadas en instituciones militares de los Estados Unidos para servir a los intereses nacionales de la burguesía; los revolucionarios no habían creado mecanismos de defensa sólidos que les permitiera defender las conquistas ni enfrentar la arremetida de la oligarquía. Una vez más se demostró que las revoluciones solo prosperan si son capaces de defenderse a sí mismas, creando la fuerza armada revolucionaria y pertrechándose de sólidos argumentos y una unidad inquebrantable.

Durante los próximos 3 años recordaremos diferentes momentos de la Unidad Popular, los nobles esfuerzos del Presidente Allende por buscar caminos de prosperidad para la nación austral. La Unidad Popular y la Democracia Cristiana eran contestes en algunas de las soluciones que demandaba el momento del país; pero, la hostilidad yanqui y el dinero contra el gobierno, seguida por la maquinaria económica de la oligarquía para hacer fracasar al gobierno, no permitieron encontrar los puntos convergentes que originalmente habían concebido y terminaron por traicionar los democratacristianos muchas de sus propias propuestas. Los yanquis apostaron al derrumbe del camino socialista de Allende a como fuera y, luego dieron luz verde, al camino desarrollista de los Chicagos Boys para el supuesto milagro económico chileno, antesala del Neoliberalismo salvaje implantado en América Latina.

Chile hoy batalla contra la ola neoliberal en su país, la que ha sometido a la población a un régimen de exclusión, donde la pobreza crece y las familias menos afortunadas ingresan al régimen de pobreza extrema, las mujeres protestan en busca de sus reivindicaciones y los estudiantes ven su futuro con escepticismo mientras los pueblos originarios ven cada día más distante la justicia que por siglos no les llega. Los sueños de justicia social para todos, el anhelo de una mejor distribución de las riquezas en función de beneficio para todos en un Chile inclusivo, la salud y la educación con equidad y donde el Estado le protegiera como garantía de paz y estabilidad social, entre otras muchas aspiraciones, quedaron truncas el 11 de septiembre de 1973, un día gris que invadió la historia de Chile y de Latinoamérica, cercenando el curso natural de lucha de los pueblos por construir un mundo mejor.

Chile espera por las grandes alamedas por donde pase el hombre libre construyendo sus destinos y deje atrás la historia de horrores que se vivieron a partir del 11 de septiembre de 1973. En Cuba el régimen de Batista provocó la muerte de 20 mil jóvenes durante los años de tiranía, fue un sistema sangriento aupado por los Estados Unidos; en Chile, en pocos días fueron miles los jóvenes asesinados, torturados, desaparecidos, cortadas las manos de artistas o quemados vivos rociados con gasolina una pareja de jóvenes. Los jóvenes y los opositores a la dictadura fueron sometidos a ejecuciones sumarias, lanzados al mar, enterrados vivos y los trasladados en la Caravana de la Muerte desde helicópteros Puma, de fabricación yanqui, para ser lanzados al mar. De norte a Sur de Chile los simpatizantes de la Unidad Popular fueron aniquilados, se quemaban los libros de textos sobre Socialismo, Comunismo o todo lo que fuera identificado con la izquierda. El Golpe de Estado Fascista avanzó en acabar con la memoria histórica, pretendió desaparecer el recuerdo e impuso el miedo y el terror como vía para exterminar las ideas progresistas. Los hijos más notables del pueblo chileno huyeron del país, fueron apresados, torturados y asesinados unos y otros, luego de la demencial tortura, se convirtieron en dóciles rebaños de un sistema que les dejó sin vida espiritual y los sumo al convite de la traición.

Chile, con el beneplácito de los Estados Unidos, fue uno de los principales promotores y hacedores de la Operación Cóndor, causante de la desaparición de muchos uruguayos, paraguayos, argentinos, chilenos, entre otros, fueran apresados, torturados y desaparecidos en el mar o en remotos confines. Pugnas y acomodos entre militares fascistas del Conos sudamericano encontró el escenario latinoamericano después del Golpe Fascista en Chile. La nación austral y Latinoamérica fue sometida a una de las más tristes y grises etapas de regresión humana, donde la tortura y el crimen organizado desde Washington por la maquinaria de Henry Kissinger y la CIA prevalecieron más de una década.

Al recordar el aniversario 50 del triunfo de la Unidad Popular en las elecciones del 4 de septiembre de 1970, celebramos los 50 años de un sueño, del camino a la esperanza, a la vez que nos permite reconocer que los enemigos del progreso no cederán fácilmente a las aspiraciones de los pueblos; los que detentan el poder y amasan las riquezas que saquean a los trabajadores, no se conforman con la redistribución justa de las riquezas del trabajo, pretenden seguir explotando y saqueando a los trabajadores y a los pueblos; el triunfo de Allende demuestra que a los ricos hay que arrebatarles el poder económico si realmente queremos construir un mundo nuevo donde todos puedan vivir en paz; nos demuestra que para hacer revoluciones, por la vía que sea, pacífica o armada, hay que saberla defender hasta con las uñas y los dientes, hay que lograr la unidad de ideas y de acción que permita convertir a la Revolución en un escudo invencible en el plano político, económico, social y militar. Hay que ser un bastión inexpugnable, organizar al pueblo y armarlo. Las armas en las manos de los pueblos para defender sus conquistas no son armas en manos de rufianas y mafias para masacrar, son armas de libertad al servicio de los intereses de los pueblos, es por ello que las Revoluciones, para ser viables, tienen que tener un componente unitario, de educación política y de compromiso social en función de los intereses comunes de los pueblos.

Al recordar a Allende hay que apartarse de las teorías del suicidio que pretenden   menoscabar la grandeza del hombre que supo morir por sus ideas. Allende cayó en combate, en el magnicidio traicionero y artero de un golpe militar fascista que atacó La Moneda con tanques y aviación, que destruyó gran parte del Palacio Presidencial. Un grupo de hombres mal armados, con su Presidente al frente, combatió durante horas contra un ejército fascista que llenó de luto y dolor a todo un pueblo y que bañó de sangre las calles de Santiago y de otras muchas ciudades y campos de Chile. Allende murió en combate, no podía rendirse ante sus victimarios. Su dignidad se mantiene incólume. Pocas veces un hombre ha resistido durante tantas horas tan brutal ataque, un hombre de ideas, un luchador social, un político honesto, de avanzada edad, que consagró su vida al bien y a la prosperidad y que creía en sus ideales y en la felicidad de su pueblo. Fue capaz en los momentos más difíciles de pedir a las mujeres, a sus familiares y a quienes no tenían armas para defenderse, que se retiraran. El quedó con un reducido grupo de colaboradores para resistir la embestida de la artillería, los tanques y la aviación, con el Palacio de La Moneda en llamas, consciente que a su muerte se impondría el fascismo en Chile como le había manifestado un año atrás, a su amigo leal y sincero, al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en un encuentro privado.

A 47 años del Golpe Fascista en Chile los muertos claman justicia, hay manos ensangrentadas que todavía andan impunes. Todavía no es hora de detenerse en una hermosa plaza liberada para llorar por los ausentes, es hora de buscar el encuentro de todas las fuerzas vivas de Chile, unirse en la lucha de intereses comunes y por encima de posicionamientos, corrientes y tendencias, buscar el camino necesario de la unidad para derrotar a las clases ricas dominantes detentadoras del poder en perjuicio de las grandes mayorías de chilenas y chilenos que sufren de desesperanza y viven en la pobreza y bajo un régimen de explotación donde no vale más el ser humano que el capital.

Allende vive a 50 años del triunfo del sueño de un camino de paz por el Socialismo y a 50 del magnicidio que lo elevó al Olimpo del martirologio de los Grandes Hombres de América Latina. Allende vive.

Ultima modifica ilGiovedì, 27 Agosto 2020 17:05
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