Rivista aperiodica teorica del Socialismo
Organo politico di Convergenza Socialista

El eclipse invita a la reflexión sobre la obra de la Justicia del Sol

di Martha Alvarez

La vida y supervivencia de los pueblos que han visto el eclipse solar. Las mujeres y los Mapuchess reclaman respeto a los derechos humanos y garantías legales para el alojamiento en sus territorios.

Los Mapuches son una importante comunidad que desde tiempos inmemoriales  ha habitado los Andes, en zonas a caballo entre Argentina y Chile, que han tenido el privilegio de observar, en sus tierras, el 100% de los fenómenos astronómicos más recientes: el 44 del siglo. Su nombre deriva de las palabras: “mapudungun”, o Araucano: “Che”, Pueblo, y “Mapu”, de la Tierra. Los descendientes de los pueblos originarios han esperado con ilusión el renacimiento del "Sol de la Justicia", ya que poco después de las 13 horas del 14 de diciembre, la Luna oscureció el cielo de sus territorios durante unos dos minutos y 10 segundos, durante  el segundo eclipse solar del 2020.

Los Mapuches reclaman el derecho natural del "küme", bueno, del "alwe", el alma humana a "ser pobre, joven y mapuche". También protestan periódicamente para reclamar derechos y oportunidades. Las castas económicas, sociales, políticas, militares y religiosas, hasta ahora, han reconocido el "ange", el rostro, la cara de la injusticia y los derechos a ser  discriminados y excluidos de las oportunidades de educación, información y gobierno. Por lo tanto, cualquiera que hable el idioma Mapudungu ha confiado en la Justicia Trascendental, mientras  que el Sol se hacía invisible después del mediodía.

El ocultamiento del Sol detrás de la Luna se conoce entre los Mapuches como "LaiAntü", es decir: la "muerte del sol". Además, el símbolo del "Kuyén" o "Küyen", la Luna Nueva, verificado en el período, también puede presagiar movimientos negativos, tristeza, amargura o muerte, para lo cual hay que prepararse con respeto y cautela; quizás cambiando el estilo de vida y la relación con otros seres humanos y la ecosfera.

En la cosmovisión del mundo Mapuches, los fenómenos sociales y las modificaciones de la ecosfera producidas por la actividad antrópica tienen una repercusión que va más allá de la Tierra y se refleja en los aspectos cosmológico y astronómico. Por tanto, un evento cíclico como un eclipse es visto como una alerta que aboga por volver al camino correcto, o son responsables de los cambios sociales y del entorno natural. En el territorio histórico de los Mapuches conocido como “Wallmapu”, el fenómeno ha sido esperado con cautela. Los pueblos ancestrales siempre han visto pasar el fenómeno con la esperanza del comienzo de un nuevo ciclo. Al interpretar el eclipse solar, lo vieron como un mensaje que indica que la relación de equilibrio que debe existir entre la humanidad y la naturaleza que actualmente no es la adecuada.

En la visión cosmológica mapuche, al Sol se le llama "Antüe". Se le considera un padre o "Chanchay Antü", casado con la Luna, que se llama "Küyen", el “Papay": la señora Luna. El eclipse lunar se llama "Lan Küyen". Como otros pueblos desde la antigüedad, las estrellas como el Sol y las fases de la luna, son importantes para determinar los ciclos de la agricultura, para realizar otras actividades humanas y para obras de importancia estratégica y de defensa.

Los pueblos originarios, como los antiguos babilonios, los mayas, los egipcios y los chinos, precedieron a la obra de Kepler y Galileo. Todas las naciones, han desarrollado un estudio sistemático avanzado del movimiento de las estrellas, para determinar estaciones y ciclos útiles. Todos los pueblos trabajaron en calendarios para determinar las mejores fechas de siembra. El movimiento del sol, la luna y las estrellas, y la posición de la Tierra con respecto a ellos, representan "la energía que gobierna la vida". Los eclipses se interpretan como una lucha entre Antüe y Küyen y es una señal que obliga a los pueblos originarios a reflexionar.

En la zona de Tierra del Fuego y Patagonia, como muchas zonas indígenas, en anticipación a la llegada de un eclipse, prepararon y acumularon "mamüll", leña, en las cumbres de las montañas más altas y poco antes del inicio del fenómeno. Encendían el fuego para ayudar al Sol a encontrar el camino correcto. Otros arrojaron piedras al cielo y gritaron lo más fuerte posible. Todos intentaron proteger a sus hijos y escondieron a las mujeres embarazadas. Los chinos han mantenido los registros más antiguos de los eclipses y, sin embargo, en los mitos populares de esa época lejana disparaban flechas para que "el dragón no se coma al sol". Incluso las guerras y los sacrificios humanos no faltaron como respuesta al fenómeno celestial.

Aquellos pueblos distantes fueron ayudados por sus científicos, expertos y estrategas de la manipulación controlada del fuego, ya que lo utilizaron para diversas actividades sociales, económicas y de defensa. La víbora, "Ten Ten", dominó el fuego Mapuches.

La mayor parte del conocimiento científico de los pueblos originarios se ha transmitido oralmente. El "Mapuche Kimün", es decir el conocimiento, proviene del Gran Espíritu, su "Fütra Newen". Desde su propia  cosmovisión, saben que los eclipses, ya sean solares o lunares, tienen un impacto en la actividad antropogénica y en las interacciones de todos los componentes de la ecosfera.

En la evolución de la pérdida de las Raíces, muchos seres humanos se han olvidado de la contemplación de los astros, la práctica de la convivencia en Justicia y Equidad con todas las personas y el cuidado de la ecosfera.

El Supremo "Kiñe" gobierna el "amun", ir o andar, de todo "iñchiñ". Incluso en "kom", nosotros. En cuanto a los eventos que ocurren en la Tierra, según el "Raquizuam", sabios Mapuches, corresponden a eventos astronómicos. Su sabiduría indica: "Chumley ta Wenu Mapu ka Feley", es decir: "como es arriba, es abajo". De hecho, la Palabra ha sido hablada, proclamada y ha llegado a nuestra modernidad, y está escrito: El Creatore, “Dios dijo: «Que haya lumbreras en el firmamento del cielo, para distinguir el día de la noche; sirvan como señales para las estaciones, para los días y para los años y sirvan como luces en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió: Dios hizo las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para gobernar el día y la lumbrera menor para gobernar la noche y las estrellas. Dios los colocó en el firmamento del cielo para iluminar la tierra y regular el día y la noche y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que estaba bien”. Cualquiera que sea nuestra idea de la Vida, el hecho es que hay un Ser Superior, "Guenechen", el Creador y los signos de la historia llevan al reconocimiento de nuestra inmanencia, que busca la trascendencia.

Según la mecánica celeste, el "Epew", la leyenda original de los Mapuches concuerda con la mayoría de los pueblos, es decir: el conocimiento se deriva del "Nguenechen", el Gran Espíritu y de la observación de eventos naturales, a los que llaman "Inarumen". De hecho, un mito no es necesariamente una mentira ni un engaño. Los mitos sobre los eclipses tienen una cobertura global, basados ​​en hechos reales, e invitan a la reflexión. No podemos descartarlos como precientíficos o idealizarlos asumiendo que contienen la clave para comprender el cosmos. El evento ocurre en el cielo, donde están Antu y Kueyen, y es el lugar donde está la morada o reino de los "Ngen", las Deidades. Sin embargo, inciden en el movimiento de las mareas, en la etología de las aves que circulan libremente por la atmósfera y de los animales que caminan sobre la litosfera o se esconden en ella.

Las fases de la Luna, para los pueblos originarios tiene una influencia esencial para actividades estratégicas como la siembra, la castración de algunas bestias, para el corte del "longko", cabello, y también determina la naturaleza del recién nacido. Todos los seres vivos actúan de acuerdo con las leyes establecidas y muchos siguen la huella de la memoria epigenética: durante el eclipse esperan en silencio religioso o ruidoso, tratando de comprendernos y limitar sus miedos. Además, muchos eventos naturales como terremotos, erupciones volcánicas, huracanes y tornados, que ocurren últimamente y se observan con mayor constancia, invitan a analizar los efectos sobre la humanidad. Cuando la víbora, "Ten Ten", se enoja, provoca la erupción volcánica que afectó Chile en tiempos recientes.

Para los pueblos indígenas, un evento espectacular como un eclipse solar indica que la Tierra entra en un nuevo ciclo. De acuerdo con los conocimientos de los ancianos, y por este motivo, vivieron el evento de una manera muy reflexiva y realizaron algunos rituales abordando propósitos futuros positivos. Las personas, los científicos con sus hipótesis y teorías pasan y solo queda una parte del conocimiento humano. Sin embargo, al igual que nosotros, el "Az-Mapu", la ley ancestral de los Mapuches, indica que la Tierra permanece con las leyes intactas; “Yepun”, la estrella vespertina o Venus y las demás estrellas de nuestro horizonte permanecen inalcanzables y, el "Nguenechen", Creador Es el Señor Compasivo quien hace uso de los fenómenos y maravillas naturales para detener las carreras inútiles  de la humanidad.

Las luchas de los chilenos que, junto a los pueblos originarios, buscan la dignidad y el pan con su trabajo, se detuvieron para ver el evento astronómico. El rostro de los líderes "pichi", pequeños y "longkos", principales, durante las dos horas del fenómeno se han olvidado de los "oiman" hechos negativos de la sociedad global. De hecho, las carreras más crueles de la humanidad son las guerras, los bloqueos económicos, el aumento de la desigualdad y el racismo, la falta de reconocimiento de los derechos civiles, la negación de la autodeterminación, la negación de la igualdad de oportunidades o del equidad en el disfrute de los recursos naturales y la contaminación de la ecosfera.

A través del lente de los pueblos originarios podemos entender que todos los fenómenos que asombran y unen a las personas son una demostración amorosa del Infinito, al que debemos acercarnos con mucho "Yam", respeto.  Transversalmente, tenemos una idea equivocada de los eventos. La conjunción de los astros invitó a las generaciones pasadas a desarrollar un análisis introspectivo y buscar el sol de la Justicia, el "Newen", la Energía, que protege a los Mapuches.

La situación de la ecosfera, la pandemia y la inestabilidad sociopolítica, invitan a la reflexión. Si bien, el espectáculo no fue visible para toda la humanidad y se detuvo en los Andes, invita a una reflexión global. Un eclipse no es el fin del mundo como afirma la tradición popular, y los acontecimientos actuales han demostrado que es posible tener un enfoque positivo. La creación ha sido objeto de estudios desde los albores de los tiempos. Al implementar el método científico en busca de la Teoría del Todo, no se puede evitar el encuentro con las leyes individuales de la vida, la física y las que gobiernan el camino de los astros. Nuestro conocimiento proviene de los distintos premios Nobel, quienes asombrados han escrito sus hipótesis y apoyan sus teorías, partiendo de la observación de eventos naturales, al igual que los pueblos originarios.

El conocimiento sobre la cosmología mapuche se debería estudiar y promover todos los días, para evitar los prejuicios. La gastronomía, la música, la medicina, la botánica, la zoología y la filosofía en general son suyas: “Kimün”. A pesar de eso hay mucha ignorancia.

Este pueblo original sobreviviente, reivindica su propio saber, su "Kankan ilò", "Kümele lawen", o el "Rügal Kofke", de la misma forma que reivindica sus tierras. Margarita Canio Llanquinao, docente interesada en la difusión del conocimiento mapuche, ha emitido varias declaraciones, indicando que las poblaciones, tanto en el oriente de la cordillera de los Andes, en Argentina, como en occidente, en Chile, según la tradición, querían pasar el día del eclipse, como un día particular de “oraciones en el momento y después de que ocurra el fenómeno del eclipse”. Que sea un hecho de conciencia colectiva es positivo.

Solo los pueblos originarios, considerados ignorantes por la mayoría de los habitantes de la ciudad, estudian empíricamente los fenómenos celestes y comprenden que el cambio de luces y sombras, las variaciones de temperatura, la etología de los seres vivos como las aves en concentración en sus refugios, el silencio del ocaso del el sol detrás de la luna, los ruidos de las bestias perdidas y las mareas, y todos los eventos sensoriales que ocurren durante el eclipse, nos recuerdan la inmanencia y los límites del ser humano. Y sin embargo, después de Hiroshima y Nagasaki, los científicos han demostrado ser capaces de "destruir la Tierra", pero no de superar la contaminación del agua con desechos biológicos humanos. Sin embargo, ante un evento global como la pandemia de Covid-19, parafraseando a los sabios de los pueblos originarios, el día de un eclipse, debemos recordar que somos una parte importante de la ecosfera, y que debemos conocer nuestro pasado como criaturas inteligentes, creadas para para poder discernir nuestro futuro, evitando el dominio de la desigualdad y la injusticia social.