Rivista aperiodica teorica del Socialismo
Organo politico di Convergenza Socialista

¿Por què me golpeas?

de Martha Alvarez

 

»¿Por qué me golpeas?»

Esta es la pregunta que el Prisionero más ilustre de la historia hace a la anónima guardia que lo ha voluntariamente abofeteado.

 

Es el interrogante que no pudo escribir quién ha exhalado el último respiro bajo la rodilla del  improvisado verdugo.

 

Es el Pensamiento que nunca pronunció Domingo Choc, el médico maya quemado vivo el 6 de junio de 2020 por practicar la medicina ancestral, por querer salvar el bosque y aprender sobre plantas y saber cómo usarlas, en Chimay, Guatemala.

 

Es la voz del fuego que devuelve a la rivera esa armonía que los procesos políticos que abrazan a una economía insostenible han movido, erosionado y querido aniquilar en la sociedad natural.

 »¿Por qué me golpeas?»

Es la cuestión de las mujeres robadas a sus familias y a las propias aspiraciones, llevadas a los barcos de los negrieros, tratadas como prostitutas, violadas en cuerpo y alma, que después de cientos de años, lamentan la injusticia de ver a sus seres queridos, sin un juicio justo, sometidos a tortura y muerte.

 

Es la historia de las India Catalina, que ingenuamente ayudan al codicioso conquistador, lo interpretan y lo intermedian hasta la aniquilación de los Calamares y los Corinches.

 

Es la voz de las Malinches que aprenden rápidamente y traducen el idioma de los dos continentes, son las primeras espías y diplomáticas, hasta que caen prematuramente afectadas por la viruela.

 

Es el proceso que recrea frenéticamente la lógica moral y la justicia atacando al comisariado donde ha inexplicablemente muerto un ser querido.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es el descenso del Creador Supremo que dispensa su Inti Raymi para cumplir las promesas del círculo cronológico y dar certezas a través del Wawa y del Capaq, y que todavía quiere ser percibido en el alma de aquellos que dicen que son cristianos y no aman a su prójimo.

 

Es el grito de las bestias: pájaros y mamíferos, insectos y reptiles que murieron por la fiebre de la madera y de la deforestación amazónica, o durante la tala de los bosques en América Central a mano de la oscura red de la narco-deforestación.

 

Es una súplica de las plantas quemadas para en campos, para crear campos estériles donde criar y hacer cultivos incompatibles con las necesidades de la ecología.

 

Es la preocupación de Pachamama que tiene fiebre y si debate en tornados y terremotos.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la súplica de las madres que aún esperan encontrar a sus hijos desaparecidos bajo las rodillas de las dictaduras sudamericanas.

 

Es la lágrima de las hijas que quedaron huérfanas por la acción de hombres armados que acampan bajo tensión étnica.

 

Es el sonido global del condenado que encuentra la luz del aliento en su propia y ya desaparecida madre y la invoca como un símbolo de protección trascendental.

 

Es la protesta social que registra la violencia del estado opresor y quiere detener el espectáculo de la triste escena del dictador que reprime, tortura y masacra, pero es absuelto por los poderes apátridas que lo mueven como un títere.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es el pasaporte que escribe la gramática silenciosa de África mientras Mandela cumple veintisiete años en la cárcel y José Mujica cuatro mil quinientos días en la oscuridad de la prisión.

 

Es la respuesta inaudible del hombre mulato, crecido sin la presencia del padre, que convertido en presidente, y entonces le solicitan el certificado de nacimiento.

 

Es la palabra de los nativos americanos U'wa, Mapuche, Nasa y las comunidades Mayagna Alal que cayeron bajo las balas de las fuerzas uniformadas o por los hombres ocultos bajo la ambición de los indolentes.

 

Es el ruido que rompe el muro de separación entre las personas aborígenes y su hija de raza mixta.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la respuesta a quienes insultan con los peyorativos de las aristas y los vértices culturales y sociales.

 

Es la tensión que generó la desigualdad ilegal cuando falta la legalidad de la equidad.

 

Es la ahumada clasificación mental, ideológica e irracionalmente antinatural por el tono del color de los ojos de la mujer, la identidad sexual del hombre, la textura de la piel del güero canela, la densidad de los mechones de los cabellos rizados al rubio de la morena, por la consistencia de los dientes dorados de los ancianos y el color de la sangre de la guajira guantanamera, aquí, donde todo es válido solo por el placer de poder disminuirlos, discriminarlos y sentirse un momento superior.

 

Es la categoría que afecta la dignidad humana de los aborígenes, los mestizos, el zambo, el mulato, el africano, lo straniero y a mí también.

 

»¿Por qué me golpeas?»

El "¿Por qué me pegas?" Es la voz audible de Dios que comprende la condición humana, llora y sobretodo, simpatiza con la estirpe de hombres y mujeres forzados a la injusticia de la esclavitud o del servilismo.

 

Es el motivo del silencio de los súbditos de Sugamuxi al ver el santuario  Chibcha arder durante días y días. Es el ruido de los edificios y santuarios aborígenes desmantelados piedra tras piedra en busca de los metales preciosos acumulados.

 

Es la tristeza del hombre indígena reducido a su mínima expresión mientras el sacerdote o el misionero recolecta grandes sumas de dinero para celebrar misas y funerales. Es la nostalgia por la libertad del joven africano llevado en cadenas para morir como esclavo.

 

Es la compasión del autor de Huasipungo o de “La Vorágine” que da luz literaria e ilumina las noches de las persistentes condiciones de los nativos del Latinoamérica.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es como un escudo, que el Hombre Justo propone, incluso si sabe que pronto debe enfrentar y luchar contra el miedo más cruel de la humanidad: el abandono de la Deidad y el largo sueño de la muerte.

 

Esta es la pregunta que no hace Atahualpa prisionero de la codicia de los extranjeros y que luego lo ejecutan mediante la garrota. Es lo Moctezuma no puede decir mientras los extraños lo hacen tragar su oro fundido.

 

Este es el eco que resuena en los pueblos que recuerdan al gobierno progresista, porque les han quitado todas las oportunidades para guiarlos a salir de la pobreza endémica a mediados del siglo XXI. Es la sombra de la icónica figura de Dilma Rousseff y Evo Morales acusados ​​erróneamente y despojados de la oportunidad de servir a su gente.

 

Es la palabra incomprensible de los niños deportados desde el Norte a Guatemala y de las familias venezolanas que no pueden regresar a su tierra natal.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la pregunta de los últimos araucanos, es decir, es la voz de los mapuche, de los arhuaco, de los wiwa y de los nahua que pide a los gobiernos el favor de quitar la rodilla de la garganta.

 

Es la nostalgia del último de los mohicanos que sufre la confiscación de las tierras y es obligado a migrar, llevando a sus corazón las últimas esperanzas.

 

Es el sonido de las lluvias que azotan los huesos pulverizados de los nativos americanos que murieron porque ya no podían respirar el aire de los conquistadores.

 

Es el grito de quienes luchan contra la verbalización del mal. Es la poesía de Gioconda Belli y también, es la denuncia contra la injusticia económica del ensayo: “Las venas abiertas de América Latina”.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es el último suspiro de la sabia mujer indígena quemada viva con falsas acusaciones de brujería.

 

Esta es la respuesta de Jesusa Rodríguez cuando al grito: “viva el maíz”, defiende los derechos de las minorías y los animales. Jesusa y también debe explicar que hasta solo unos veinte años para acá hay mayor conocimiento de la anatomía femenina y que de la planta bíblica no se tiene la suficiente voluntad política para saber.

 

Es el eco que nos llega de Marielle Franco, asesinada en 2018, por defender a la población negra y los pobres habitantes de las favelas. 

 

Es el paso apresurado de Jean Hyllys, huyendo de la realidad de la homofobia. Es simplemente el contributo y el recuerdo Martin Luther King.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la voz del bronceado natural que no podía respirar el aire de los restauradores a donde van los esclavistas.

 

Es Rosa Louise Parks quien se niega a levantarse de su puesto en el autobus porque está cansada.

 

Es Policarpa Salavarrieta quien desde el púlpito del patíbulo, allí donde será fucilada, arenga a gente y dice: "¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. ¡No olvidéis este ejemplo!”.

 

Es el epitafio lapidario del anagrama de la Pola atribuido a Joaquín Monsalve, su admirador, compañero de militancia y prisión, que dice: "Polycarpa Salavarrieta - Yace por salvar la patria".

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la respuesta tranquila de un Corazón Inocente y Benevolente ante el mal de una bofetada injusta.

 

Es la palabra inaudible del adolescente enamorado que escucha a su abuela decir: "aquí se trata de mejorar la raza".

 

Es el acento imperceptible de la mujer que es víctima del odio lúcido y del rostro tranquilo de alguien que, con la excusa del amor, tiene lista su mano para sumergirla en las llamas de las heridas graves o la muerte.

 

Es el movimiento de la conciencia del que no quiere gritar y confesar el miedo puro y que inexorablemente trae el destino.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es simplemente el temor de que obtengan los hechos, al igual como ellos lo hacen: que se les impida respirar,  cobrar la vida y valorarla en veinte dólares, por la sospecha de un billete falsificado.

 

Es el temor a un prejuicio por la forma de caminar. Es la sospecha de una discriminación por el color de la ropa.

 

Es la debilidad escondida y el miedo a una violencia, cuando la autoridad,  ostentando seguridad, llama a la intervención del ejército.

 

Es el favor que se pide antes de morir sin poder respirar y bajo la rodilla de tres delincuentes ocultos bajo la insignia y la licencia de silencio.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la última voz de los aborígenes amazonas que quieren detener la deforestación del pulmón de nuestra ecosfera.

 

Es el llamado de la tierra fértil escondida debajo de edificios de concreto y calles de alquitrán.

 

Es la advertencia que trae el terror de las mujeres que no saben a dónde ir y  que no pueden esconderse del hombre violento.

 

Es la carrera de los fugitivos que derrotados abandonan Tikal, Copán, Palenque o San Miguel de las Misiones y logran salvar la vida.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es el movimiento para ocultar los caminos que llegan a Machu Picchu, Sacsayhuamán, el Pucará de Chena y la fortaleza de Manco Inca Yupanqui: Ollantaytambo.

 

Es la súplica que ya no se hacen los fugitivos, ocultos en medio de la efervescencia natural desde el Polo Norte y la Tierra del Fuego.

 

Es una pregunta que no se ha escuchado en San Basilio de Palenque desde que se convirtió en la primera ciudad libre de América, en Colombia, fundada por los cimarrones que huyeron de la esclavitud, en la época colonial y se ha conservado intacta.

 

Es la última solicitud, antes de recurrir a la eliminación de las iconas, de quienes viven en la pobreza y se hunden en los prejuicios étnicos y raciales difamatorios, de las distinciones político-religiosas y se encuentran bajo las rodillas de las barreras que incluyen las condiciones personales y sociales.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la frase pronunciada antes del amanecer, durante el fugaz momento de la convergencia del tipo y el antitipo en la fiesta de Pascua, después de la expresión violenta de la guardia indignada por el silencio del juez que examina al Cordero.

 

Es la pregunta de la hija del líder que, mientras llora a su padre, dice: “Si bien la guerra es el pan de cada día, los que se encuentren en el sur serán los guerrilleros, otros serán policías o soldados y la casta nos instigará a odiarnos por ser los hijos pobres y desafortunados de nuestra patria”.

 

Es el suspiro de las familias pobres obligadas casi a mendigar el pan diario, con la posibilidad de morir sin tener acceso a una atención médica digna.

 

Es la sacudida infantil de los niños que piden escuelas y oportunidades para poder administrar corporaciones o simplemente su propia tienda.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la protesta de los jóvenes a quienes se les ha prometido un trabajo flexible, pero se ven obligados a compartir las migajas de los mal pagados.

 

Es la voz de los jóvenes de los suburbios que no pueden ser y hacer lo que quieren por el bien común.

 

Es la oración de los ancianos ante el evidente miedo a la pobreza, la desigualdad y la muerte en la soledad.

 

Es la protesta de los campesinos burlados por saber solo cómo cultivar los alimentos que desperdician los habitantes de la ciudad. Es el grito de los pobres agricultores chilenos obligados a mendigar por el acceso al agua.

 

Es la oración de los Wayuu antes del secuestro de ríos por el mayor proyecto minero de carbón colombiano, en la mina Cerrejón, que dejó a la Guajira sin agua.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la voz de la solidaridad de quienes luchan contra el atraso heredado del feudalismo colonial y que aún prevalece.

 

Es un caso político de aquellos que buscan trabajo y no lo encuentran por ser “prietos”: indígena o afro.

"¿Por qué me pegas?" Debería ser el postulado o el movimiento de los que hacen comedia, los que desarrollan campañas publicitarias, los que hacen política y los grupos de oposición contra la plutocracia y el neoliberalismo.

 

Es la actividad política que se extinguió prematuramente en la tragedia del presidente brasileño progresista Juscelino Kubitschek de Oliveira, de la minoría gitana.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es una frase del judío más ilustre, poco interpretata y plenamente comprendida, y que no está traducida en los idiomas azteca y maya, muy poco conocida en el idioma quechua, no llevada a los amazonas, los U'wa y los Avá Guaraní.

 

Es el sonido del polvo de los huesos de los líderes y pueblos aniquilados en el silencio cómplice de la comunidad de naciones, a manos de los colonos provenientes de lugares extranjeros que no conocen el trabajo sostenible de seleccionar y cuidar plantas y animales americanos.

 

Es el ritmo que el oligarca gobernante quiere atrapar y robar a los músicos y bailarines africanos y a los pueblos nativos americanos.

 

Es el color de un suspiro, ese suspiro de los condenados a muerte sin un juicio justo.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Esta es la cuestión de los periodistas amenazados, obligados a huir y asesinados trágicamente.

 

Es la melodía de Víctor Jara, la poesía de Paolo Neruda, los textos de Pirí Lugones. Es la zarzuela “El Cóndor Pasa”, el ritmo de "Muevan las Industrias" del grupo los prisioneros, y las palabras en la banda sonora del flash mob global 2019: "Un violador en tu camino", del Colectivo Lastesis.

 

Es la película "No - Los días del arco iris". También Malcolm X, la lista de Schindler, Amistad, el Príncipe de Egipto y Filadelfia.

 

Es la obra de Botero y sus esculturas y pinturas de gran tamaño. Es el arte plástico de Roberto Ossaye y su protesta, la pintura de Armando Reveròn y los paisajes venezolanos, las metáforas de Frida Kahlo y los nativos de Diego Rivera.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es la voz teatral del Kunta Kinte, en memoria de mujeres y hombres con sus aspiraciones claramente cortadas, porque fueron atacados, capturados y encarcelados, comercializados por esclavistas para ser humillados y marcados por el hierro al fuego.

 

Es la última pregunta de investigadores, fiscales y jueces asesinados por haber relacionado a los empresarios, administradores y funcionarios públicos con los autores materiales de violencia, paramilitarismo y narcotráfico.

 

Es la imagen no icónica de líderes sociales heridos y torturados que desaparecieron en las nubes de los vuelos de la muerte.

 

Esta es la pregunta que resuena en nuestros días junto con el desafío de dejarnos respirar sin temor a la guerra, la guerra cibernética y el control de nuestras comunicaciones.

 

»¿Por qué me golpeas?»

No se trata de la conciencia del hombre moderno negriero que se ha engordado al eliminar la dignidad a sus empleados.

 

No es lo que circula rápidamente en la voz de quienes han vendido la verdad por un plato de lentejas y es solo la difamación de los justos y los pobres.

 

No es el acento valioso de la corrupción y la codiciosa conciencia del gobernador.

 

No es la voz del sacerdote o el ministro del evangelio que se ha enriquecido al causar cualquier dolor, usando cualquier forma de mentira.

 

No es una parte natural del sentimiento del racista, misógino o discriminador.

 

No es el zumbito de las balas oficiales y paramilitares en el cuerpo de cualquier hombre o mujer.

 

No es el aroma del gas lacrimógeno.

 

»¿Por qué me golpeas?»

Es el pulso de la vida que en cuatro palabras hace una recriminación a la muerte.

 

Es la pregunta que hace el Hombre Santo y aún espera una respuesta.

... «Si he hablado mal, muéstrame dónde está el mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?» Estas son las palabras de Cristo ante el sumo sacerdote emérito, informadas y que han llegado hasta nosotros gracias al apóstol Juan. De hecho, en Juan 18: 19-23, se cuenta toda la historia y mucho más.

 

Ultima modifica ilSabato, 13 Giugno 2020 07:12
Altro in questa categoria: « Riflessioni sul sindacato Cara egemonia »
Devi effettuare il login per inviare commenti